
Cuántas veces hemos estado sentados en alguna plaza y hemos visto como mucha gente alimenta a decenas de palomas que se arremolinan desesperadas en busca de migajas de pan o galletitas? Ver este cuadro en cualquier plaza o parque de la Argentina o de cualquier otro país, es casi tan normal como observar a la gente sacando a pasear a sus perros o a los niños jugando a la pelota.
Por eso es muy difícil creer que hoy en día las palomas sean consideradas una plaga en la mayoría de las ciudades del planeta. La paloma bravía o doméstica es la especie más conocida de las 300 variedades que existen en el mundo. Las palomas rápidamente se han habituado a vivir en los grandes centros urbanos, utilizando la disposición arquitectónica de los edificios para anidar. Como las palomas siempre vuelven al lugar donde nacieron, y son aves sedentarias y residentes, se hace complicado ahuyentarlas. Esto sumado a la falta de depredadores naturales que controlen la cantidad de individuos, las sobras de comida que les permiten alimentarse con facilidad, y al hecho de que tienen una rápida reproducción (algunos estudios aseguran que llegan a duplicar su cantidad anualmente), hace que las palomas proliferen en la ciudad y se hayan convertido en una de las plagas urbanas más problemáticas.
En su plumaje hospedan garrapatas, chinches, piojos, vinchucas, pulgas y otras tantas clases de ectoparásitos que se pueden trasmitir a mascotas y a humanos, y son perjudiciales para la salud. A través de sus excrementos se trasladan hongos, bacterias y parásitos, que contaminan el ambiente. Son de las enfermedades más conocidas la “histoplasmosis pulmonar”, la “criptococosis”, “salmonelosis” y la “psitacosis” (causa fatiga, fiebre y dolor de cabeza, y se trata con antibióticos comunes); todas ellas se trasmiten por contacto directo, o al secarse las heces y ser transportadas por el aire, la gente llega a inhalar un polvo microscópico que es suficiente para provocar trastornos y producir el contagio.
Creo que esta información es muy importante conocerla dado que uno suele llevar a los niños para que vean las palomas, las alimenten e incluso las toquen por desconocer los peligros que pueden acarrear, yo misma tengo fotos con todos mis hijos en las plazas rodeados de paloma.